Camino de vuelta

A Pepe Rodríguez. Gracias por las alas.

Cuando alguien necesita escribir para ser quien verdaderamente es y de repente la realidad que vive le aplasta, le bloquea, le encarcela, sucede que el que escribe deja de escribir, y deja de ser quien es. Esto puede durar días, meses, años… cuanto más largo es este tiempo de aridez literaria, más honda es la herida, más lento y asesino es el tiempo, más lejos se está de sí mismo. Por suerte para mí, esta etapa duró lo suficiente, no demasiado… Porque ÉL que me entiende como si viviera en alguna parte mía, como si me conociera de toda la vida, de todas las vidas… Con ÉL que no hace falta la palabra hablada para que sepa quién soy, qué me guardo y quién puedo llegar a ser. ÉL que se me parece y me hace de espejo y viceversa, sin estar cerca, pero dentro. Me mandó unos versos (en esa etapa canalla) y me dijo: – A veces escribir es un desahogo, soltar lastre, pero indefectiblemente muere también algo de ti, creo que tengo la frase para empezar, termínala- : 

 

CAMINO DE VUELTA

-“Y si uno ve más allá del espejismo,

atisba una dimensión en la que cobra sentido

amar a más de un alma con su cuerpo,

haciendo de lo eterno la mentira más veraz,

y atravesando la finitud del efímero orgasmo

de una existencia vacua”.

 

(Pepe Rodríguez)

 

Como la palabra siempre que solo existe

en la mente de quien piensa

que el deseo puede cambiar

la manera en que gira el mundo.

 

Nada es más efímero que la piel,

que los ojos que se encuentran

con su propio espejo.

Que las manos que buscan

 

en la espalda de quienes aman,

un bálsamo de plomo

con terciopelo arraigado,

perfecto para ser acariciado.

 

No saldrás vivo de allí,

morirás de tanta luz y después…

solo serás capaz de ver en la oscuridad;

como quien sale a la calle

tras una batalla recién ganada

donde todos los demás han muerto,

y la paz entonces es un dulce recuerdo

de las noches de verano en tu barrio

cuando eras niño.

 

Un recuerdo que viene a verte

a esa hora canalla en que la almohada

juega contigo al porvenir,

y te hace creer que ahora

solo queda por delante

una carretera infinita

de la que no logras ver el final,

repleta de cadáveres.

 

Cadáveres entre los que sueles ver tu cuerpo,

más joven, más terso, pero muerto,

donde el niño que fuiste viene a por ti

con su grito atormentado

de quien se siente abandonado.

 

Donde el joven que fuiste,

(aquel que abrió tanto

los ojos que se quedó ciego),

sigue ahí intentando volver atrás,

sabiendo que el pasado solo

es un río que no vuelve,

un río en el que no te vas

a volver a bañar jamás

porque el agua ya ha cambiado.

 

Y el futuro es apenas un flash en la retina,

un abismo que cruje los huesos

de quienes piensan demasiado en él,

o quizás sea el único lugar

donde puedas encontrar a ese tipo,

al tipo que siempre quisiste ser.

 

Todo es posible.

 

Depende de los ojos

con que decidas mirar.

 

(Isabel Vic).

One thought on “Camino de vuelta

  1. Este poema y su honda introducción parecen haber leído un renglón de mi propia vida. Es una escritura capaz de arañar el cristal del secreto. Se abre paso como el delgado filo de un cuchillo desmantelando las emociones más oscuras. Su personal estilo parece brotar de una melancolía que viene de muy lejos, traspasando la carne con las palabras precisas, llevándote a un límite que duele, pero también cura. Su expresión, aparentemente tranquila, está llena de explosiones internas, de pura electricidad que te sacude como una tormenta.

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